La PAC, cabeza de turco en el debate sobre el nuevo presupuesto europeo

Esther Herranz García | 08 de agosto de 2011

La PAC, cabeza de turco en el debate sobre el nuevo presupuesto europeo
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La eurodiputada del Partido Popular Esther Herranz, en la imagen publicada en su página del Parlamento Europeo.

Por Esther Herranz García, eurodiputada del Grupo del Partido Popular Europeo

La propuesta de la Comisión sobre el presupuesto comunitario para el próximo periodo 2014-2020 hace recaer en la Política Agrícola Común todos los esfuerzos por limitar el gasto de la Unión Europea, en beneficio, además, de un aumento en otras partidas presupuestarias. La crisis económica es la excusa y los agricultores, la única cabeza de turco que Bruselas presenta en bandeja a los Estados miembros.

Por mucho que la Comisión quiera disfrazar sus propuestas afirmando que se trata de una simple congelación, en la práctica propone un recorte del 11 por ciento en términos reales del capítulo agrario, si se tiene en cuenta la inflación. La Comisión ha salido a la palestra vendiendo el "status quo" y muchos, incluido el Gobierno socialista, se han tragado la píldora lanzando aleluyas por considerar que se trata de una propuesta benévola para los tiempos que corren. La trampa está en el método del cálculo. El presupuesto agrícola es el único que se ha calculado en términos nominales, es decir, sin tener en cuenta la inflación. Claro que -algunos piensan- podría haber sido peor.

En términos reales, las cifras son las que son: en el periodo 2007-2013 la UE tiene un presupuesto agrícola de 417.000, frente a los 371.700 millones de euros que propone Bruselas para los siete años siguientes. Para consolar a los descontentos, la Comisión afirma que ese dinero sería completado con otras partidas situadas dentro y también fuera del presupuesto, como el Fondo de Globalización o un nuevo fondo para crisis sanitarias, ambos sin dotación real, es decir, totalmente virtuales y cuya aplicación plantea serias dudas.

El recorte en toda regla que la Comisión propone es una mala noticia para España, ya que actualmente la PAC es la principal fuente de ayudas procedentes de la Unión Europea para nuestro país, por lo que es en ese capítulo precisamente donde tiene más que perder. Esta propuesta condicionará probablemente el debate sobre las propuestas legislativas acerca de la reforma agrícola que la Comisión Europea tiene previsto presentar el próximo otoño, en donde prevé una redistribución de los fondos agrícolas entre los nuevos y los viejos Estados miembros. La rebaja propuesta por la Comisión no hará más que empeorar las tensiones que se avecinan como consecuencia del nuevo reparto de ayudas.

La consecuencia directa de rebajar el apoyo (desde hace años decreciente) prestado por la Unión Europea al agricultor podría ser en nuestro país la quiebra de nuevas explotaciones, lo que supondría añadir más crisis a la crisis que vive ya el mundo agrícola.

Desde hace años las conciencias del ciudadano han sido envenenadas gota a gota con una propaganda en contra de un sector que la población europea y el mundo rural en general echará de menos cuando la Unión Europea dependa peligrosamente de las importaciones de países terceros.

Hay que repetir una y otra vez, y hacer entender a la sociedad el importante papel que juega la agricultora comunitaria ya no sólo desde el punto de vista económico, sino como garante de una variedad de suministro, de una calidad sin parangón en otras partes del mundo, y de una seguridad de abastecimiento que habría que preservar si no queremos en el futuro estar a expensas de las importaciones procedentes de otros países, cuyas exigencias dejan mucho que desear en materia de medio ambiente y de seguridad alimentaria. Hay que tener en mente, por otra parte, que la renta del agricultor se sitúa en torno al 50 por ciento de la renta media de otros sectores económicos; que un 30 por ciento de sus ingresos depende de las ayudas directas, y que para poder competir en el mercado global necesita ese apoyo pues, de lo contrario, no podría hacer frente a los competidores de países terceros, cuyos costes de producción son, en muchos casos, inferiores.

En definitiva, las ayudas de la PAC deberían estar a la altura de las aspiraciones de la Unión Europea con el objeto de que el agricultor pueda responder a todas las expectativas de la sociedad sin estar permanentemente pendiente de la espada de Damocles.