La guerra de los siete años

Salvador Garriga | 29 de agosto de 2011

La guerra de los siete años
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Imagen de archivo del eurodiputado del PP Salvador Garriga. EFE/Archivo

Por el eurodiputado popular Salvador Garriga Polledo

Un primer ministro europeo, felizmente retirado, comentaba que las reuniones del Consejo Europeo para tomar decisiones financieras le hacían añorar el sillón del dentista.

Bien es cierto que en su tiempo no existían las crisis de deuda, las agencias calificadoras sólo eran conocidas por los expertos y los planes de rescate no formaban parte del paisaje europeo. Tal vez ahora añoraría incluso una endoscopia.

Pocas veces tendremos una negociación más compleja y árida en la Unión Europea que las nuevas Perspectivas Financieras, es decir la financiación de las antiguas y las nuevas políticas comunitarias a partir del 1 de Enero del 2014.

Las Perspectivas Financieras tienen algo entre magia negra y milagro de Fátima. A lo largo de un año, en la previsión más optimista, 27 jefes de gobiernos europeos, la Comisión Europea y 738 eurodiputados acuerdan los límites máximos de gasto comunitario y los recursos que necesitan ser transferidos desde cada Hacienda nacional durante 7 años. Si no fuese por las Perspectivas Financieras no podríamos cerrar un simple Presupuesto anual por falta de acuerdo.

Comenzamos ahora el quinto viacrucis negociatorio que atravesará las estaciones de la Presidencia Polaca, Danesa, Chipriota y tal vez Irlandesa allá por el primer semestre del 2013, más, parada obligatoria, las elecciones Presidenciales francesas del año próximo. Eso sí, todo el mundo coincide en que para las elecciones generales alemanas (el ser o no ser de Angela Merkel) en otoño del 2013, el acuerdo debe estar cerrado o simplemente no habrá acuerdo.

¿Por qué es tan difícil cerrar un acuerdo presupuestario? Básicamente porque Europa es una hucha de la que todos quieren sacar dinero pero donde nadie quiere poner. El sistema se aguanta porque cada Estado Miembro aporta en función de su PIB y obtiene retornos en función de su Renta o del número de agricultores o, cada vez más, de la calidad de los Programas que presenten en áreas como investigación, educación, energía, etc. Y claro, hay Estados contribuyentes netos que abominan del gasto comunitario, y Estados beneficiarios netos felices con el sistema actual. España es beneficiaria pero próximamente pasará a la categoría de contribuyente, lo que quita el sueño al Ministerio de Hacienda. De momento contribuimos anualmente con un 1% del PIB y recibimos un 1,12. Pero esto no durará.

La solución para evitar enfados y alegrías desigualmente repartidas sería cambiar el sistema de financiación. Es decir, que la UE tuviese autonomía financiera y no dependiese de las contribuciones de los Estados Miembros. Podría hacerse con cesiones de impuestos pero no hay voluntad política de avanzar en la construcción de una Europa federal. De momento, la Comisión Europea plantea gravar las Transacciones Financieras o reformar el IVA europeo pero, ¿está preparada Europa para semejante salto adelante? Pues de todo hay. Reino Unido, Holanda y los Nórdicos opinan que previamente habría que reducir el Presupuesto Comunitario. Otros Estados, entre ellos España, piensan que un Presupuesto suficiente es la clave de una Europa mejor.