No tomarás el nombre de Europa en vano

| 19 de octubre de 2011

El fin de una determinada idea de Europa
Ampliar

Pau Solanilla

Por Pau Solanilla

Tres años han pasado ya desde aquel fatídico 15 de septiembre de 2008 en el que el mundo se sacudió ante la quiebra de Lehman & Brothers y padeció un “tsunami financiero” que fue contaminando a la velocidad de la luz el complejo mundo de las finanzas internacionales que nos está costando literalmente “sangre, sudor y lágrimas”. Sus efectos retardados y colaterales han convertido en un vía crucis la gestión del día a día de la mayoría de gobernantes europeos, que, ya sean de izquierdas o de derechas, están condenados a gestionar un “sistema económico y social de excepción permanente”.

La magnitud de la crisis y la incapacidad de respuesta constituye un verdadero descalabro y un enorme reto para el proyecto europeo. La UE está amenazada tanto desde dentro como desde afuera. La crisis de la eurozona es algo más que una crisis financiera y económica que se encauzará con duras medidas de ajuste y reducción del déficit público.

Es un reto para el que nuestros gobernantes, ya sean nacionales o europeos, no tienen un relato ni un plan de acción propio, más allá de los lugares comunes y las obviedades, que manosean, malmeten e improvisan en el nombre de Europa.

Otrora el nombre de Europa se asociaba a una comunidad de destino común. Era el horizonte que ilusionaba de forma mayoritaria a la sociedad. El proyecto europeo era una idea con contenido y continente. Hoy solo nos queda el continente. El contenido lo han ocupado palabras y sentimientos como crisis, falta de liderazgo, decadencia, desempleo, recortes sociales, temor e incertidumbre. Palabras que parecen bien enraizadas como las hierbas malignas, alimentando el populismo y los discursos proteccionistas, que rentabilizan el descontento social aunque sea a costa de coquetear con el racismo y la xenofobia. Ejemplos no faltan aquí y allí.

Somos conscientes de que las respuestas simples no son suficientes para responder y afrontar los problemas complejos. Pero debiéramos impedir que nuestros actuales gobernantes dejen de aplicar políticas chapuceras en nombre de la estabilidad y del futuro de la UE. El neo-liberalismo ha hecho saltar por los aires los lazos entre economía y sociedad, haciendo que las políticas nacionales hayan perdido una buena parte de su soberanía –quizás ya toda-. La UE está a merced de eso que se ha venido a llamar “los mercados”. Un sujeto que nadie sabe muy bien quién es y que no se presenta a ningunas elecciones. O quizás sí lo sabemos, porque buena parte de ellos son el grupito de inversores de Wall Street: el consejero delegado de Citigroup, John Havens; el presidente y consejero delegado de Prudential, Charles Lowrey; el consejero delegado de Blackrock, Laurent Fink; el presidente y consejero delegado de Paulson and Co., John Paulson; el director de mercados de renta libre de Morgan Stanley, Edward Pick; o el reconocido filántropo George Soros entre otros. Es ahí donde parece residir en buena parte la gobernanza económica mundial con la connivencia de las principales Agencias de Calificación anglosajonas Stardard&Poor’s, Moody’s o Fitch.

Mientras, la UE es incapaz de reconstituir una alternativa política y económica, más fruto de nuestras propias incapacidades que de los aciertos ajenos. El método intergubernmanetal está demostrando día a día que está obsoleto y caduco, y su lentitud y falta de consenso corre el riesgo de producir un desastre económico y social en la UE. Es la hora de la voluntad y el liderazgo, no de las decisiones espasmódicas improvisadas y de los europeístas light y descafeinados.

Hemos de poner fin a estos insoportables rituales basados en la improvisación para articular una estrategia coherente e inclusiva para generar consensos que nos permitan abordar las reformas necesarias para enfrentar el futuro con garantías. No es posible ya seguir por la senda de los recortes y ajustes sin fin -porque nos lo impone Bruselas o Frankfort- sin un horizonte ni estrategia común, en el que los sacrificios de hoy y los beneficios de mañana sean compartidos. Necesitamos una nueva actitud que requiere creatividad, capacidad, coraje y humildad. Las ideas no se acreditan con discursos sino con acciones. Acciones audaces que requieren actuar y dejar de utilizar el nombre de Europa en vano.

Es por ello que la izquierda socialdemócrata tiene que volver a repensar las propuestas, pero sobre todo nuestra manera de hacer y explicar ¿Hay espacio para la esperanza?. Absolutamente sí. Willy Brandt, el legendario líder socialdemócrata alemán, definió el socialismo como la idea más joven del mundo y nos explicó su capacidad de hacer “nuevos inicios”. Eso es lo que necesitamos ahora, un nuevo inicio.” por reconstruir un proyecto colectivo capaz de ilusionar y movilizar todo el potencial transformador de la izquierda española con su riqueza de matices y pluralidad. Y eso no solo es deseable, sino posible y necesario.