La eurodiputada balear Rosa Estarás (PP). EFE/Archivo
Por Rosa Estarás Ferragut (PP)
La preocupación por el hecho insular generalmente ha estado presente en la mayoría de las políticas de los Estados de la Unión Europea. Es por ejemplo el caso de España, cuya Constitución de 1978, en su artículo 138.1 establece que el Estado debe velar por el equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.
En cambio, en el caso de la Unión Europea el proceso ha sido-está siendo- muy tardío y lento y sólo ha empezado a materializarse en paralelo a la adquisición de carta de naturaleza europea de la política regional. Como se recordará, en el Tratado de Roma la política regional era casi inexistente y, si acaso, sólo indirectamente se podía decir que se contemplaba en el preámbulo. Tuvieron que pasar muchos años para que la política regional, la política de cohesión, fueran expresamente contempladas. Y a remolque de este proceso, se ha podido introducir paulatinamente la preocupación por los problemas de la insularidad en el ámbito comunitario.
El Tratado de la Unión Europea, aprobado en Ámsterdam en 1997, marcó un hito al incorporar una Declaración aneja sobre la Insularidad, por la cual se reconocía que las regiones insulares sufren desventajas estructurales vinculadas a su carácter insular cuya permanencia perjudica a su desarrollo económico y social. Era la primera vez que la realidad de las islas era contemplada expresamente, con sustanciación propia al margen de la problemática de las regiones ultraperiféricas. Con posterioridad, en virtud del Tratado de Niza y actualmente con el Tratado de Lisboa la insularidad se contempla ya en un artículo, por tanto, ya está presente en la parte dispositiva. Por primera vez se habla de cohesión territorial.
Esto, sin embargo, no es condición suficiente, toda vez que la clave radica en que posteriormente la insularidad sea efectivamente abordada en las propias políticas de la Unión. En este sentido, el camino no ha sido, ni está siendo fácil. No son muchos los amigos de dar una mayor preferencia a las políticas a favor de la insularidad y la situación real ha acabado siendo muy diversa y además ha dependido especialmente de la institución de que se trate. Concretamente, su acogida ha sido más favorable en el Parlamento y en el Consejo Económico y Social que en la Comisión o el Consejo. De hecho, este proceso de reconocimiento no ha estado exento de zancadillas. Basta recordar, por ejemplo, lo sucedido con la ambigüedad de la versión inglesa del originario artículo 158 de la versión consolidada de los tratados, en particular las dispares versiones realizadas por los expertos lingüistas, que casual o deliberadamente, consiguieron introducir una notable confusión sobre lo realmente aprobado, que podía ser todo o nada. Lo cierto es que después de todo, la atención actual que se presta a la insularidad es muy insuficiente y no es exagerado decir que bastante cosmética.
Por ello, en la actualidad, debemos seguir trabajando, con más ahínco si cabe, por defender el avance de la preocupación por la insularidad en el ámbito de las Instituciones europeas. Así lo hacemos en la comisión de desarrollo regional del Parlamento europeo o en el Intergrupo de las islas. Y así lo seguiremos haciendo a pesar de las dificultades.
Un aspecto interesante de todo este proceso, que se ha demostrado muy útil, es el enfoque explícito, que también está presente en los trabajos de la citada comisión REGI, de considerar de manera unificada la problemática de los territorios con características geográficas y geodemográficas específicas, como es el caso de las islas, las regiones de montaña y las de baja densidad de población. Este enfoque se ha demostrado útil y atractivo.
Por lo demás, es importante señalar que el objetivo final no es que sólo la política regional atienda la problemática insular, sino que ésta también esté presente en el conjunto de políticas sectoriales y específicas de la Unión.
Queda una ardua tarea por hacer, pero tanto a mí como los colegas de estos territorios siempre nos encontrarán para trabajar en propuestas y proyectos, que siendo ciertamente útiles para nosotros, además permiten dar mayor cohesión a la idea de Europa.






