A vueltas con las velocidades y la UE

| 16 de enero de 2012

Cristina Gallach
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Cristina Gallach

Por Cristina Gallach

Esta semana no se han celebrado cumbres en Bruselas. Habrá que esperar hasta finales de mes para la habitual excitación mediática que provoca la concentración en la capital Europea de todos los líderes de la UE debatiendo asuntos de gran calado e impacto. De todas maneras, no nos hemos librado de una cierta "excitación institucional". La causa, la presentación de un libro que dejará huella en el debate europeo actual. Jean-Claude Piris, un finísimo y respetado jurista ha presentado un excelente texto:"El futuro de Europa. ¿Hacia una UE a dos velocidades?"

Piris es, sin lugar a dudas, una auténtica autoridad. Director General del Servicio Jurídico del Consejo de la UE durante más de 20 años, tenía la máxima responsabilidad de traducir las ideas políticas en textos jurídicamente válidos. Un hombre respetado por sus cualidades profesionales y personales. Más de uno recuerda sus intervenciones ante el Consejo Europeo, cuando su opinión era requerida, seguidas con el máximo interés de todos los Jefes de Estado y de Gobierno.

Desde la reflexión y el análisis más profundos, posibles ahora gracias a la distancia de la jubilación, propone que "la Unión Europea pueda avanzar a dos velocidades, aunque sea de manera temporal y excepcional y para ganar capacidad de toma de decisiones". Una propuesta no es del todo original. Ya en los años 90 y más tarde fue planteada en varias ocasiones, con distintos matices.

Pero hoy, sus ideas, viniendo de quien vienen, han causado un gran revuelo. ¿Cuál es la razón? Varias. Como mínimo he contado cinco. Primero, porque quien lo dice no es un político, sino un ex-altísimo funcionario, responsable durante mucho tiempo de asegurar el funcionamiento jurídico-político de una de las instituciones fundamentales de la UE. Su prestigio y fidelidad están probados. En segundo lugar, porque la grave crisis económica y financiera pone de relieve la disfuncionalidad del sistema de toma de decisiones a 27. Demasiado lento y complejo. Tercero, los países del euro requieren de un grado de integración más profundo, tal como se diseña en el nuevo acuerdo intergubernamental que sellará el pacto fiscal, y del que ya se ha autoexcluido el Reino Unido. Cuarto, los ciudadanos se sienten marginados del proceso de toma de decisiones. Y esta distancia creciente hiere de muerte a la verdadera idea de Europa: una combinación política y práctica de complejas medidas e importantes dosis de solidaridad, que debe conducir a un mayor progreso y estabilidad. Y, en quinto lugar, porque las transformaciones que se viven en el mundo son muy profundas y rápidas. Y no se les consigue seguir el paso con medidas de contrapeso desde Occidente o tan sólo la UE.

Cuando Piris explicaba sus ideas dejó claro que quería que sonaran a "grito de alarma". "Estamos en un momento excepcional. Existe un riesgo de que todo esto estalle. Es bajo, el 1 por ciento", detalló. Los asistentes al acto, la plana mayor de la "eurocracia" bruselense, se enzarzó entonces en una discusión sobre las probabilidades de fracaso. Algunos se atrevieron a hablar de hasta el 10 o el 15 por ciento. Un ejemplo del ambiente que circula estos días por aquí.

Hay varias razones que alimentan este pesimismo. Hemos llegado al 2012 con los mismos problemas del 2011 por resolver, pese a las numerosísimas medidas tomadas, en muchos casos totalmente impensables antes. El euro está en zona de cuidados intensivos, bajo tratamiento. Se han reforzado las instituciones y se han creado mecanismos de salvamento. Pero todavía no tenemos indicadores positivos.

La moneda común aguanta con dificultades y está a la espera la "coraza de acero", que, en forma de "pacto del extremo rigor presupuestario", los dirigentes de la UE aprobarán a finales de mes. Existen dos sombras oscuras: la capacidad de Grecia de cumplir con los requisitos necesarios para recibir el segundo plan de rescate y una "espada de Damocles" sobre Italia, por sus altos niveles de endeudamiento y una prima de riesgo difícil de pagar. Bueno es subrayar que las sombras sobre España son mucho más tenues.

Estos esfuerzos considerables para salvar el euro de momento no resuelven el problema de fondo, provocado por el "paro cardíaco" que sufren las economías del sur de Europa. Es difícil que en la próxima cumbre de enero se puedan adoptar medidas de estímulo económico o que mejoren de manera rápida la competitividad. "No se crean puestos de trabajo con los 14 o 15 artículos del documento que se sellará en unos días", admite un buen conocedor del texto. Sólo un fuerte mensaje de todos los líderes que incluya nuevas medidas económicas y financieras, además de reformas del mercado laboral, un mercado interior más profundo y completo, y acciones decisivas y unánimes en el sector financiero y bancario, actuarían a modo de estímulo económico profundo. Demasiadas cosas para cerrar en tan poco tiempo.

La segunda fuente de pesimismo es que la familia europea no encuentra un manera de organizarse más armónica. Cuesta poner por delante el interés colectivo sobre el individual, dadas las diferencias entre los Estados miembros, sus intereses y prioridades. Se están superando las dificultades con transferencias sustanciales de soberanía hacia la UE. Pero la gestión de estas transferencias está resultando muy compleja.

Por ello, ante las dificultades de consenso, la urgencia de acción y la necesidad de eficacia, la idea de "dos velocidades", es decir, que avancen más rápidamente los que quieran y puedan, puede cobrar adeptos. Quienes la defienden aseguran que no va en contra de la lógica institucional de la UE, ya que tanto el euro como la supresión de fronteras fueron establecidos por un grupo reducido de países. La autoexclusión británica del "pacto sobre la austeridad fiscal" que se acordará próximamente, es vista por muchos como el más reciente ejemplo de "distintas velocidades".

La cumbre de este mes tendrá como finalidad establecer el "acuerdo fiscal total", pero ésta es sólo una parte del gran iceberg contra el que se enfrenta la UE en estos momentos. Se requerirá mucha imaginación, esfuerzo y liderazgo para mantener la zona de peligro en "el 1 por ciento", tal como ha cifrado Piris. Puede que incluso se requieran sus "dos velocidades". Está por ver.