El eurodiputado Pablo Zalba. EFE/Archiv
Por el eurodiputado Pablo Zalba (PP)
Cuando éramos niños, llenábamos los patios del colegio cambiando cromos con nuestros amigos y compañeros. Este intercambio tan solo se regía por las básicas reglas del sepa y del nopa, así como por las ansias de ser los primeros en terminar la colección. La Organización Mundial de Comercio (OMC) podríamos decir que está tratando de hacer lo mismo. Está intentando aplicar estas sencillas reglas comerciales de colegio a nuestro mundo globalizado e interdependiente.
No obstante, siempre ha sido un actor bastante desconocido para el público en general. En 2001, lanzando la Ronda de Doha, aspiró a convertirse en "taquillero", aunque su película parece estar haciéndose demasiado larga para espectadores y participantes. El año pasado, en su décimo aniversario, se hizo todo lo posible para cerrar la Ronda y avanzar en la liberalización del comercio internacional. Sin embargo, la conferencia ministerial celebrada en diciembre en Ginebra y en la que también participamos eurodiputados no ha logrado hacerlo posible.
En ella, además de Doha tratamos otros dos temas fundamentales como la adhesión de Rusia a la OMC y la renovación del Acuerdo de Contratación Pública (ACP).
De hecho, Rusia se convirtió en el principal protagonista de la conferencia de la OMC, en detrimento de la Ronda, al aprobarse por fin su adhesión. Se trataba de la única gran economía mundial que no pertenecía a la Organización. Ahora sólo falta el visto bueno de la Duma que se prevé a mediados de este año, siempre que su estabilidad interna lo permita.
En cuanto al ACP, cabe destacar su importancia por la ingente inversión y creación de puestos de trabajo que representa la contratación pública. Se trata de una revisión del acuerdo vigente desde 1996 y que no ha sido igualmente cumplido por sus partes. Mientras Europa ha abierto sus mercados al 85%, Estados Unidos solo al 12%. Por no hablar de Japón quien también es parte y que mantiene el mercado cerrado.
Entre las conclusiones que podemos obtener de Ginebra es la falta de liderazgo de la OMC. Sin liderazgo, el cumplimiento de las reglas de la OMC que garantizan transparencia, reciprocidad y buenas prácticas se antoja más complejo. Y sin ellas, el objetivo de fomentar el desarrollo, el crecimiento y la creación de empleo a través de un comercio equitativo y equilibrado es prácticamente imposible, perdiéndose un gran arma para luchar contra la crisis actual que padecemos.
Cambiar, o volver a empezar, siempre en aras de mejorar no debe atemorizarnos. Vivimos en un mundo globalizado sin límites ni fronteras, donde las cuestiones de seguridad nacional son mundiales, no podemos escudarnos en ellas. Es hora de replantearnos la situación mundial y encararla con liderazgo; si un negocio te abruma por el principio, comiénzalo por el final, según señala un proverbio árabe.






